Hablemos de familias, los Loret de Mola con las manos ensangrentadas desde generaciones anteriores.

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Por César Rue

Carlos Loret de Mola, famoso comunicador que sin duda ha sido entre otros, la cara representativa de mercenario típico de los medios de comunicación en nuestro país, por su sin fin cantidad de productos audiovisuales bastante alejados de los periodístico pero acomodaticios con el poder político-económico neoliberal; ha vuelto con un video que como ni siquiera él lo esperaba, no despuntó, no golpeó, no manchó y ni siquiera tiznó a la imagen del jefe del ejecutivo, su único enemigo a vencer, el licenciado Andrés Manuel López Obrador.

Mejor conocido a nivel popular como “Lord Montajes”, Carlos Loret de Mola, pertenece a una familia yucateca con un polémico historial. Su abuelo, homónimo, Carlos Loret de Mola Mediz, quien fuera senador, diputado y gobernador de Yucatán; es recordado por haber sido la cabecilla de un gobierno autoritario en la entidad, pero sin duda la huella imborrable de su administración es ser considerado el autor intelectual del asesinato de Efraín Calderón Lara, mejor conocido como “El Charras”, abogado laboral y líder sindical independiente en dicha entidad. Hace más de cuarenta años.

Calderón Lara se distinguió desde su época de estudiante en la facultad de leyes, por su simpatía hacia las clases más desprotegidas. “Charras” luchó desde entonces por reformas laborales a través del sindicalismo independiente, provocando una confrontación directa con empresarios y políticos de la época; ganando así enemistarse con uno de los máximos caciques en la zona, el gobernador de Yucatán, Carlos Loret de Mola Mediz.

El 13 de febrero de 1974 Calderón Lara fue secuestrado. Cinco días después, el Diario de Yucatán informó que su cuerpo había sido encontrado en la carretera Carrillo Puerto-Chetumal, con los ojos vendados y con señales de tortura, además de una herida de arma de fuego en la cabeza. Algunas versiones extraoficiales de la época, apuntaron que fue torturado en la propia casa del gobernador Loret de Mola, quien permaneció impune hasta el último de sus días. Los únicos implicados fueron agentes de seguridad presuntamente vinculados al gobernador de Campeche, Carlos Sansores Pérez.

El abuelo de Carlos Loret de Mola, al terminar su gestión, continúo con su carrera de periodista y escritor, oficio que al menos en el gremio, continuarían su hijo, Rafael Loret de Mola y su nieto.

Efraín Carlderón Lara

El asesinato de Calderón Lara habría embarrado su sexenio, sin embargo, por su evidente inmersión en los medios de comunicación dirigiendo distintos periódicos en diversas partes del país, sobre todo en Guanajuato y Chihuahua; no resonó el caso como debería para los diversos sectores. Haciendo así que este suceso, ocurrido durante la llamada ‘Guerra sucia’ quedara impune a los ojos de la justicia social.

Al asesinato del Charras le antecede un fuerte enfrentamiento entre el gobernador y el “Cerverismo”, movimiento encabezado por el priista Víctor Cervera Pacheco. Quien había logrado la presidencia municipal de Mérida en 1971 y, desde entonces, había tenido serios enfrentamientos con Loret de Mola.

En 1973, Cervera dejó como interino en la alcaldía de Mérida a su amigo Wilbert Chi Góngora, para contender por una diputación federal, esto desarrolló enfrentamientos incluso violentos hasta lograr el desconocimiento de Chi por el congreso del estado.

Las luchas obreras en México abarcaron casi toda la década de los setenta, y Yucatán no fue la excepción. De esta coyuntura genuina en la entidad coordinada por Calderón Lara y el Frente Sindical Jacinto Canek, se aprovecharon los priístas cerveristas, para enfrentar al gobierno de Loret.

Había una diferencia abismal entre movimientos: Los priistas Cerveristas buscaban derrocar a Loret de Mola; por otro lado, el Frente y el ‘El Charras’ batallaban por la formación de sindicatos democráticos e independientes y por los derechos de los trabajadores.

En ese periodo llamado la Guerra sucia, hubo una persecución inmensa contra luchadores sociales, periodistas independientes u opuestos al régimen y líderes sindicales a nivel nacional. Encabezada por Luis Echeverría Álvarez.

Calderón Lara representaba para la clase obrera un verdadero líder, honesto y leal a los intereses del gremio. Su muerte significó para la población principalmente en Mérida, un asesinato de Estado.

Dos años después de dejar la gubernatura, Carlos Loret de Mola publicó un libro “Confesiones de un gobernador”. En ese texto de 12 capítulos platica sobre los momentos principales de su sexenio. En el número 9 da su versión del caso sobre el asesinato de Calderón Lara, lo titula “1974: el drama”.

En realidad, en el ensayo se exculpa a sí mismo y acusa abiertamente al expresidente Echeverría y varios de sus colaboradores políticos de los trágicos sucesos del 74. Acusando una supuesta intromisión de Cervera Pacheco, de Sansores Pérez, de Gómez Villanueva y del mismo Echeverría por estar “detrás del movimiento sindical independiente de 1973-1974”.

“El asesor dinámico de los choferes es un joven campechano inscrito

en la escuela de jurisprudencia de la Universidad de Yucatán, Efraín Calderón Lara, quien además dirige, incansable, a otras organizaciones, forma grupos independientes y disputa a viejos líderes cetemistas los controles de sindicatos diversos. Es un líder inquieto, inteligente, inmaduro, inexperto y deseoso de aprender y de servir. Fácilmente puede ser aprovechado por mis enemigos políticos para crearme problemas (…) Su origen campechano y sus relaciones con Cervera Pacheco me preocupan. (…) “Después intervengo para solucionar las huelgas contra las gasolineras en diciembre de 1973”. Se lee.

El asesinato de Calderón Lara según escribe Loret de Mola:

Su nuevo jefe policiaco en 1974 le comentó: “Señor gobernador: yo quiero servir a usted y a Yucatán. Esto de “Charras” está insoportable. Creo que ha llegado la hora de ser enérgicos con él”.

Le contesto: “¡Cuidado con tocar físicamente a “Charras”!

“Al día siguiente… el procurador general de Justicia me informa confidencialmente que hay una denuncia en el sentido de

que Calderón Lara fue secuestrado la noche anterior cerca del fraccionamiento “Campestre”.

Narra Loret de Mola que ordena lo comuniquen con el coronel Gamboa para preguntarle dónde está el desaparecido y que no logra dar con él.

“Me tiene doce horas en suspenso, mientras los estudiantes bloquean la calle 60 en su esquina con la 57, es decir, frente a las oficinas centrales de la Universidad, en señal de protesta por la desaparición de Calderón Lara”

“A medianoche del 14 me telefonea a mi domicilio, desde Valladolid, el coronel Gamboa:

-La situación es nebulosa -me dice con voz enronquecida-, pero no se preocupe usted. Mañana a primera hora le informaré.

-No me informe; devuelva a “Charras” inmediatamente. Creo que usted lo tiene, ¿no?

-Le ruego me perdone, señor gobernador, unas horas. Estaré con usted en la mañana. Buenas noches, señor”

Narra: No acude a primera hora. Llega a palacio a la una de la tarde, muy pálido, y me pide un aparte. Al concluir la audiencia que

sostenía penetro al saloncito donde me aguardaba Gamboa y me quedo mirándolo:

– “Señor gobernador Dios quiere que usted gobierne en paz.

-Pues, por favor, que lo demuestre, porque están bloqueando las calles.

¿Dónde está el “Charras”, ¿coronel? ¿Por qué no lo devuelve inmediatamente? ¿Por qué me deja usted sin comunicación tantas horas? ¿Qué pasa?

-El pobre muchacho se les ahogó en la cajuela del carro en que lo llevaban.

– ¿Quiénes, coronel? ¿Dónde están?

-Estoy desolado, señor. Es una gran desgracia; pero Dios quiere que usted gobierne en paz”

Aparte.

En este libro Loret de Mola intentó de una manera literaria, como fue su costumbre durante gran parte de su vida, reivindicar y limpiar su reputación. Misma que a la fecha como la de su nieto, no es definida por sus libros o textos, sino por la misma vox pópuli.

Tras la muerte de Calderón Lara, Loret de Mola partió de inmediato rumbo a la Ciudad de México, en medio de un clima de protestas en ascenso, para encontrarse con Moya Palencia, secretario de Gobernación para externarle su posible renuncia. Renuncia que nunca llegó al igual que la justicia.

Este es solo un capítulo del oscuro pasado de la familia Loret de Mola, señalada desde dos generaciones anteriores de incidir de manera violenta y con el uso de los grupos de poder, en contra de la voluntad popular. Atentando contra la verdad como derecho y contra la propia vida de quienes buscan un mejor mañana. Y sí, hay mucho más por hablar.

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